Cuando León decidió que nos encontraría a toda costa, ya estábamos lejos, rumbo al Norte, con mi hijo y mi familia.
Mi padre, a quien no veía desde hacía años, no dijo ni una palabra de reproche al encontrarnos. Simplemente nos abrazó con fuerza, junto a mi madre, mientras las lágrimas caían de sus ojos. Repetía una y otra vez, como si no pudiera creerlo:
—Qué bueno que volvieron, qué bueno que están por fin en casa...
El gran y majestuoso Alfa Rey del Norte, en ese momento, no era más que un ho