León se encerró en nuestro dormitorio, pasando toda la noche mirando los mensajes que había enviado, pero que nunca recibirían respuesta alguna.
—No puede ser. María va a volver... —murmuró, sin poder de apartar la vista de la pantalla.
Desde el pasillo, escuchó unos pasos. Se levantó de inmediato, lleno de esperanza. A través de la puerta, ya podía percibir ese aroma a vainilla tan típico.
¡María! —exclamó, entre sollozos, y al abrir la puerta, corrió hacia ella, abrazándola con fuerza como si