El silencio de la mansión parecía un animal expectante. Los pasillos retumbaban con sus pasos, resonando como ecos de un destino inevitable. Alexandra avanzaba con el pulso acelerado, intentando mantener la calma, pero cada fibra de su cuerpo ardía con una mezcla de miedo y deseo que no lograba dominar.
La mano fuerte de Mikhail la sujetó, aabanzando hacia la penumbra de la habitación principal. La puerta se cerró y sus miradas se encuentran nuevamente, Mikhail con esa mirada que contenía torme