Punto de Vista de Carla
Si extendía mi oído lo suficiente, podía escuchar las voces de los humanos en el yate blanco a la distancia, sus risas viajando con la brisa del océano mientras se preparaban para hacer esnórquel en las aguas cristalinas que ahora llamaba mi hogar.
Este era mi lugar favorito, las cimas de los acantilados que me recordaban a la Manada Aguas Cristalinas donde crecí. Nunca conocí a mi madre, quien murió cuando nací, pero al crecer en su manada siempre me sentí cerca de ella,