—¡Captúralos, los necesitamos vivos para interrogarlos! —ordenó Héctor mientras escupía sangre. Incliné su cuerpo hacia un lado, solo para que él hiciera una mueca de dolor por la herida de la puñalada.
—Déjame ayudarte. —las manos de Carla estaban sobre su rostro, colocando un beso en sus labios.
—No. —ordenó él—. Llévame al hospital.
—Héctor...
—No, Carla... no dejaré que intercambies tu lugar por el mío. Ya lo has utilizado demasiado. —gruñó molesto.
Mis ojos se movieron hacia la línea de árb