—No, él simplemente desvió su ira hacia ti. —Rodé mis ojos, sacudiendo la cabeza... hasta que su mano sostuvo mi mejilla.
—Entonces funcionó, Pelirroja.
—Lucas —suspiré, pues comenzaba a darme vértigo.
—Nos interrumpieron anoche, en el club nocturno. —Sus manos se posaron en mis caderas mientras me atraían a su regazo, mi cuerpo ahora a horcajadas sobre él.
—Necesitas sanar.
—Estoy sanado. Creo que anoche estabas así conmigo... ¿quieres saber qué pasaba por mi mente?
—La herida dice lo contrario