—Ella me pertenece... es de mi manada —le declaró Tomás al Alfa Héctor.
—¿Es así? —El Alfa Héctor permaneció tranquilo frente a una fuerza ardiente, casi burlándose de Tomás.
Con una burla, Tomás se inclinó hacia adelante, con sus labios justo al lado del oído del Alfa Héctor.
—Estás disfrutando esto, ¿no?... solo recuerda que ella es mi esposa... es mi esposa por la ley de los hombres lobo. Tendrá que volver a mí —siseó entre dientes tratando de susurrar, pero aun así lo escuché.
Héctor no le r