Ella debía tener palomitas... la Diosa Luna, quiero decir. Debe estar observando desde su comodidad, disfrutando del espectáculo. Era la única manera en que esta extraña y retorcida situación podría estar ocurriendo.
En cuestión de segundos después de encontrarme, Tomás ya estaba tratando de convencerme de regresar a casa con él, de cambiar mi nueva vida y volver a lo que teníamos.
¿Lo que teníamos?
Yo, aislada en una manada durante años... la Manada del Fantasma Oscuro me había mostrado más ama