Punto de vista de Héctor
Mis manos se posaron en su cintura instintivamente, por si sus piernas amenazaban con flaquear. Pero no lo hicieron; es más fuerte de lo que yo le concedía. Ya lo sabía, no sé por qué me sorprendí tanto.
—¿Ella te lo dijo? —sus ojos se abrieron, sorprendida por mi confesión.
—Lo siento, Carla…
—No quiero tu lástima —siguió gruñéndome con rabia, su cuerpo intentando escapar de mi agarre, pero sin poner mucho esfuerzo en ello.
—No es eso… Lo siento por lo que ese bastardo