Hasú la arregló con dificultad, debido al gran nerviosismo que estaba cargando sobre su menudo cuerpo; sus manos temblaban al intentar abrochar el hermoso collar de pedrería, atrás del cuello de la joven loba.
- Hasú… cálmate, por la diosa – le dijo Namar al intranquilo sirviente.
- Lo siento mucho, princesa Namar…
- ¿Por qué estás tan aterrado?
- Usted no conoce hasta donde puede llegar nuestra Luna madre, con tal de evitar que la casa de los Alfas se vea envuelta en escándalos… ella levan