06.

—Deberías venir para que te cambies esa ropa. No quiero que te dé un resfriado. —Riccardo ayudo a sacar a la agente de la piscina. Después le pidió a uno de sus hombres que la llevará a secarse y le dejo órdenes de no hacerle daño o intentar sobrepasarse.— No tengas miedo, Paula. Prometo que voy a respetar tu privacidad.

Paula tuvo dudas. Sabia y era conciente de que Riccardo Moretti era alguien seductor y seguro de sí mismo. Era joven de unos treinta y tantos años de edad y por si fuera poco era atractivo. Claro que ella no tenía ningún interés en él. Pero al parecer el resto de mujeres sí.

—Pero sí debes respetar mi privacidad. —Le advirtió Paula, formando una pequeña sonrisa en sus labios.— Llévame al lugar.

Riccardo Moretti aplaudió. Comenzó a seguirla, dando saltos como un niño pequeño. Paula en el fondo no sabia si esas actitudes infantiles en él eran normales y parte de su personalidad o solamente lo hacia por diversión.

—Créeme que me resultas demasiado atractiva.— Dijo él en español. Pero usando su natural acento italiano.

—Ni sueñes que me vas a ver desnuda o en bikini. —Dijo ella de manera serena.— Solo me quiero cambiar la ropa que está llena de humedad.

Riccardo la llevo hasta una sala llena de puertas. Se sentó en un sofá de cuero negro y se sirvió un trago de whisky y con la otra mano agarro una manzana para darle una mordida. Paula se quedó parada en una alfombra, muriéndose de frío.

—Puedes ir a cualquiera de esas habitaciones. Me quedare acá, esperando que salgas para regresar de la fiesta.

—Muchas gracias.

—Paulita. —Riccardo hizo mención de su nombre de forma suave y con una mirada seductora sobre ella.— Si te sientes solas. Me llamas, preciosa.

Paula Clark entro a una de las habitaciones. Por suerte en esa que había seleccionado no había nadie teniendo intimidad. Había suficiente ropa para elegir y solo tenía que quitar los aparatos de comunicación de la ropa mojada y esconderla en la ropa seca. Después de cambiarse de ropa y asegurarse de ocultar las cosas de manera correcta. Dejo la ropa mojada en una canasta.

Cuando abrió la puerta para salir. Se llevó una enorme sorpresa.

—¿Qué está pasando? —Preguntó ella, tragando saliva al ver la situación.

Riccardo Moretti seguía sentado en el sofá de cuero negro. Tenía una pierna cruzada por encima de la otra y una botella de tequila en su mano derecha.

—De verdad que existen personas en el mundo que siguen pensando que  soy tonto. —Dijo él, negando con la cabeza. Estaba decepcionado.— ¿No les deje una regla? ¡No les dije que tenían prohibido ir hasta allá!

—Yo no estaba haciendo nada allí. Solamente estaba explorando el lugar. —Dijo una de las agentes que estaba de rodillas en el suelo. La otra estaba en bikini ni siquiera le habían dado la oportunidad de cambiarse de ropa.— Fue un error. Pero no estábamos haciendo nada allí ni siquiera estaba en ese lugar. Lo juro.

—¿Ustedes creen que yo me voy a comer el cuento así tan fácil? —Riccardo tomo otra de las manzanas para darle una mordida y cerrar sus ojos para disfrutar del dulce sabor.— Ustedes no son ningunas invitadas nada. Sé perfectamente que ustedes son agentes de la policía. Les falto algo de inteligencia para burlar mi seguridad y ahora tendrán que afrontar las consecuencias de ésto.

—Las cosas no son como te las estás imaginando, Riccardo. —Paula intento intervenir.— Es solamente un mal entendido. Nada de que preocuparse.

—Guarde silencio, Paula. De verdad que me resultas demasiado hermosa ante mis ojos. Pero ahora mi mente me haría tomar una reacción errónea. —Riccardo sonrió, mirándola de pies a cabeza.— Así que guarde silencio. Después hablamos con más privacidad.

(⁠・⁠∀⁠・⁠)

Ethan Bradley sudaba tanto que tuvo que quitarse el abrigo de cuero que llevaba. Las últimas palabras de la conversación habían sido alarmantes y todo indicaba que las habían descubierto.

Pero no podía hablar. No podía intervenir. Eso podía empeorar las cosas. Solamente podía escuchar y esperar un milagro.

—Somos unas simples invitadas a la fiesta. No tenemos nada que ver con las autoridades o cualquier cosa que tenga que ver con la policía. —Se escuchó la voz de una de las agentes.— ¿Puede darle algo de ropa a mi amiga? ¿No ve que se está muriendo de frío?

—No es que no puedo ver. Desde que entraron acá con su operación de infiltradas, me consideraron uno, ¿De verdad siguen pensando que soy tonto? —El marcado acento italiano de Riccardo Moretti se escuchó al fondo. Ethan apretó el puño derecho, conteniendo la necesidad de gritarle cientos de cosas.— Es triste todo. Ustedes me agradaban de verdad. Levanten a estas locas y vamos para afuera.

La puerta de la oficina se abrió. Natasha Calderón entró rápidamente examinando el lugar y mirándolo claramente desesperada. Ethan le devolvió la mirada, pero se llevó un dedo índice a sus labios, dándole a entender que guarde silencio y después levantó una mano, mostrando dos dedos.

—No es lo que estás pensando. Riccardo, no vayas a cometer una locura. Ellas son mis amigas. —Paula hablaba casi afligida.— Ellas no tienen nada que ver. No les hagas daño.

—Cuando estás en el mundo de la mafia, créeme que en la trayectoria tendrás que enfrentar diversos sacrificios. —Riccardo soltó una risa, sonaba como un completo psicópata.— Las quiero a las dos de rodillas.— Hubo unos breves segundos de llantos al fondo.— No Paula. Tú, no... Tú puedes quedarte de pie.

—Mira si quieres nosotras nos vamos. Pero no hagas nada. Te juro que no somos agentes de la policía. No somos nada de eso.

—Paula entenderás por completo cuando estes en el mundo de la mafia.— La voz llena de frialdad de Riccardo Moretti se escuchó y segundos después se escucharon dos balazos.

—¡Nooo! —La exclamación y el llanto de Paula fue lo último que se escuchó antes de que todo quedará en silencio y los dispositivos de comunicación dejarán de funcionar.

Ethan Bradley se levantó y para descargar su ira, fue hasta un pequeño jarrón de ascendencia griega y de un manotazo lo lanzo contra el suelo, provocando que se rompiera en tres pedazos.

—Ethan... Ese jarrón era de valor. —Natasha casi chillaba.

—Eso no tiene nada de valor para mí ahora. Acaban de asesinar a dos de mis mejores agentes y también existe la posibilidad de que hayan matado a Paula.

—Yo necesito que subas a la habitación y hables con April. Tómate unos cinco minutos con ella. —Ella le estaba casi reclamando. Estaba enojada.— Desde que paso lo de Gemma no veo que le prestes la más mínima atención.

—Estoy haciendo mi mayor esfuerzo por salvarla. Entiéndeme. —Ethan habló con la voz cortada.— Ya he sacrificado tres vidas en esta misión. La culpa cae sobre mí y si algo le pasa a Gemma, nunca me lo voy a perdonar.

—Y yo quiero que te calmes. Mira ve y habla con April. Intenta despejar tu mente.

—Me tengo que quedar acá por si Paula se comunica de nuevo.

—Ve. Yo me quedo acá y si Paula se comunica contigo ten por seguro que subo a avisarte. —Ella levantó la mano a modo de juramento.

(⁠・⁠∀⁠・⁠)

Paula después de gritar sintió un ardor en su garganta. Después de eso sentía como si no pudiera hablar. Las dos agentes estaban tendidas sobre el suelo con dos charcos de sangre que se conectaban entre sí, formando uno más grande. Un disparo en la cabeza para cada una, eso fue el fin.

—Siento mucho que hayas presenciado un acto como este. —Riccardo se acercó hasta ella y le agarro el mentón.— Vaya de cerca eres sumamente hermosa.

Paula sentía la necesidad de gritarle lo basura que era. Pero no podía empeorar las cosas. Tenía que seguirle el juego.

—Yo soy hermosa desde todos los ángulos.

—Y me encanta, Paulita. —Él se acercó y le beso la  punta de los labios.— Si deseas podemos llevar esto al siguiente nivel.

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