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Paula Clark miraba con alta admiración la mansión que estaba a escasos metros de ella. Había algo que despertaba su curiosidad y una enorme pregunta dentro de su cabeza.
¿Cómo el sueldo de un detective de la policía de Phoenix y el de una abogada les alcanzaba para tener una mansión como esa? ¿Acaso tenían un as bajo la manga? —¿Eres Paula Clark? —Un detective se asomo en la enorme puerta de la mansión. —Sí. —Paula sonrió y comenzó a caminar a través de un camino de piedra que serpenteaba entre exuberantes arbustos. También había senderos de grava que llevaban hasta bancos de madera, rodeados de flores perennes.— Un gusto conocerlo detective Ethan Bradley. El detective Ethan Bradley estaba masticando el resto de una goma de chicle y mostró una corta sonrisa de labios cerrados. Su cabello era de un color castaño oscuro, con un corte de pelo corto en los lados. Después de unos segundos de estar mirándose entre sí, él la invito a entrar en la mansión. —Bienvenida a mi humilde vivienda. —Ethan señaló diferentes puntos de la sala. Paula estaba claramente maravillada de encontrarse con objetos de alto valor y eso que era la sala.— Está también será tu nueva vivienda a partir de este día. Claro. Paula había abandonado la cuidad de Chicago para venir a Phoenix y empezar a buscar su sueño de convertirse en una profesional en la natación. Claro que la academia no se pagaba sola y necesitaba cubrir esos gastos. Por esa razón estuvo buscando alguna manera de poder generar ingresos. Finalmente la directora de la academia le había recomendado trabajar de niñera para la familia Bradley Calderón. —Me gustaría conocer a...— Paula cerró sus ojos unos cortos segundos, haciendo memoria del nombre.— April. Tengo entendido que ella es amante de la natación, ¿No? Por primera vez desde que llegó. Ethan le mostró una sincera y amplia sonrisa. Después saco un paquete de goma de chicles y se llevó un par al interior de la boca. —April debe estar en su habitación. Vamos a subir que creo que ella se muere por conocerte. —Ethan habló de manera apacible y comenzó a caminar hasta unas escaleras. Paula lo estaba siguiendo teniendo cuidado de no derribar y destruir algún objeto de valor.— ¿Te está gustando la mansión? —Sí. —Contestó ella de manera inmediata. Pudo notar que las escaleras eran hechas de un mármol pulido y escalones amplios.— La verdad que es una mansión atractiva y agradable. —¡April! ¿Estás en tu habitación? —Ethan hizo esa pregunta en voz alta. Su mano derecha estaba agarrando una barandilla ornamentada que separaba el piso del vacío y una posible caída catastrófica.— Debe de estar sumergida en la computadora. Le encanta ver programas o campeonatos de natación. Es su mayor pasatiempo. Después de culminar de ascender las escaleras de mármol. Paula siguio a Ethan a través de un pasillo de paredes blancas y jarrones elegantes en algunos puntos. También habían puertas de color azul marino que quizás eran las habitaciones del lugar. Finalmente se detuvieron en una de ellas y Ethan abrió para entrar. —Le dije que baje porque la estabas llamando. Pero es difícil sacarla de acá cuando está viendo un campeonato de natación.— Habló una mujer de manera benevolente y se levantó de una silla de colcha azul.— April, ¿Puedes dejar eso un segundo y venir a conocer a tu nueva niñera? —Paula. Ella es Natasha Calderón. Mi esposa.— Ethan señaló a la mujer de manera orgullosa. Paula saludo desde una distancia con una sonrisa y ademán de su mano derecha. Natasha Calderón tenía los ojos grandes y de un color azul claro, similar a los de ella. Su cabello estaba recogido en una cola de caballo baja y era de un color negro llamativo. Su vestimenta en ese momento era al parecer de acuerdo a su labor, ¿Abogada o secretaria? —Paula. Es un gran honor tenerte en nuestra mansión. —Natasha mostró una sincera sonrisa.— Yo soy abogada acá en la cuidad de Phoenix. Estoy disponible por si necesitas de mis servicios. Paula pensó unos segundos. Pero no necesitaba de servicios de una abogada... Por ahora. —¡April! —Ethan hizo una exclamación de autoridad. April dejo de mirar la pantalla de la computadora y se le quedó mirando.— ¿Será que puedes venir un momento? April se levantó de una silla de colcha similar a la que estaba usando Natasha. Ella era una chica de unos trece años con los mismos rasgos que su madre. —Hola, April. Mi nombre es Paula Clark y desde el día de hoy voy a ser tu nueva niñera.— Paula habló de manera jubilosa.— ¿Qué te parece? —No me parece la gran cosa.— Contestó April con un tono de voz glacial. Se cruzó de brazos por encima de su pecho.— Ya soy lo suficientemente grande para cuidarme sola. —April esa no es la forma correcta de expresarte hacia alguien.— Dijo Natasha en un tono de voz autoritario.— ¿Estás entendiendo? Paula supo de inmediato que April era una adolescente difícil de ganarse. Pero conocía algo que ella tenía en común: Una pasión inmensa hacia la natación y con eso tenía un punto de ventaja. —April. Tengo entendido que eres una gran fanática de la natación, ¿No?— Habló Paula. April se notaba más relajada y abierta a una conversación.— Yo también soy una enorme fanática de la natación, ¿Te gustaría que hablemos un poco sobre eso? La expresión fría de April cambio en cuestión de segundos por una de entusiasmo. Abrazo a Paula con toda la confianza del mundo como si la conociera desde hace mucho tiempo. Ethan y Natasha estaban sonrientes de que al menos la etapa de aceptación de April con su nueva niñera había sido superada. —Ustedes quédense acá para que se conozcan.— Dijo Ethan, sonando satisfecho de ver que la situación iba mejor que lo que imaginaba.— Yo tengo unas cosas que hablar con mi esposa. Paula cualquier duda puedes acercarte a nosotros. Paula apenas mostró una sonrisa de labios cerrados. Después de eso, Ethan y Natasha salieron de la habitación, cerrando la puerta detrás de ellos. Recorrieron las escaleras de mármol hasta llegar al piso de abajo y después fueron hasta una enorme puerta de color madera oscura y en su interior había una enorme oficina. —¿No le diste ese detalle a Paula?— Natasha hizo esa pregunta después de entrar al lugar y sentarse en una silla de mecanismo basculante. —No. No es necesario darle esa clase de detalles.— Contestó Ethan, cerrando la puerta detrás de sí. Natasha se cubrió el rostro con la mano derecha, liberando un suspiro de impaciencia. Después se le quedó mirando, dejando en evidencia un gesto de impaciencia en sus ojos azules claros. —¿Entonces no le contaste que Gemma nuestra hija mayor fue secuestrada recientemente? —Natasha sonaba decepcionada.— Había que ser sinceros y directos desde ese punto. —En lo que tenga oportunidad le cuento ese detalle. —Espero que con eso no vaya a asustarse y querer renunciar.— Natasha a pesar de la situación, sonaba optimista.— ¿Tienes detalles de quién pudo haber secuestrado a Gemma? La pregunta había tomado a Ethan Bradley por sorpresa. Pero él sabía la respuesta o al menos tenía una teoría y esa teoría era una posibilidad catastrófica. —Gemma... Ella está en las garras de Riccardo Moretti. Y con la mención de ese nombre fue suficiente para que Natasha Calderón mostrada una expresión de tristeza. Ella conocía ese nombre y por supuesto que sabia que la vida de Gemma estaba corriendo un enorme peligro.






