—¡Ciao! Ese hombre tenía el pelo negro azabache y de punta, con un estilo desordenado que enmarcaba su rostro. Tenía cejas gruesas y una mandíbula afilada. Su mirada era intensa y su expresión era más bien sombría. Paula supo de inmediato que se trataba de Riccardo Moretti. La expresión animada que había hecho al verlas se trataba de un simple saludo en su idioma de origen Italia.—Hemos venido a la fiesta, Riccardo. —Dijo la agente al volante. Riccardo hizo un gesto de confusión, probando directamente de una botella de tequila que tenía en su mano. —¿Fiesta? —Riccardo preguntó, mostrando algo de confusión en su cara. Pero después sonrió y señaló una enorme entrada dividida en dos puertas de hierro, pintadas en color negro.— ¡Claro que sí! Entren y disfruten del tequila y la gastronomía de acá, hecha a base de manzana. También pueden usar la piscina si así lo desean. Paula había grabado en su mente la obsesión de Riccardo Moretti por el tequila y las manzanas. Se sentía aliviada d
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