Mundo ficciónIniciar sesiónCuando Mariana escuchó a Liuggi, pedirle ser su prometida, no lo podía creer. Le parecía un sueño hecho realidad, él era como lo había imaginado. No pudo evitar las lágrimas que de manera descontrolada comenzaron a surcarle el rostro. La emoción la embargó, haciéndola sentir la mujer más feliz del mundo.
Por un momento, le vino a la mente la nube gris capaz de empañar su felicidad, sintió una opresión en el pecho, respiró profundo y se obligó a controlarse. Debía contar







