La puerta se abrió justo cuando Douglas terminaba de firmar los últimos documentos.
La pluma volaba sobre las hojas mientras él miraba su reloj a cada segundo.
Jamás había tenido tantas ganas de que llegase la hora del almuerzo.
—Ya terminé. ¿Hiciste la reservación especial en el hotel como te pedí?
Levantó la cabeza al no escuchar respuesta de Hermes.
—Señor Calder, hay algunos inconvenientes… —le dijo su secretario con esa cara que no presagiaba nada bueno.
—¿Ahora qué sucedió? Te ordené