Lilianne no respondió; apretó más sus labios para detener los gemidos que subían por su garganta.
Pero Douglas no necesitaba escuchar palabras. El hecho de que ella no le colgara era suficiente respuesta.
La respiración acelerada en su oído y esos sonidos húmedos llenos de seducción hicieron que se excitara como hace mucho no hacía.
—Mmmn… sí, sí… métete otro dedo en ese coñito delicioso que tienes… Sssh… mi amor, qué rico… Lily… mi Lily…
Los gemidos salían como gruñidos roncos.
Acostado en la