—Buenos días —la voz cansada de Lilianne resonó en la cocina cuando llegó arrastrando las pantuflas y en bata de dormir.
Eran las seis de la mañana y no había pegado ojo en toda la noche.
Atenas ya le daba instrucciones a la chica del servicio para preparar el desayuno.
Lily se sentó en la encimera y una taza de café cargado fue puesta delante de ella.
—Buenos días. ¿Regresaste anoche? Pensé que te quedarías, ya sabes, con Oliver…
—Bueno, estaba cansada y volvimos temprano.
—Ajá…
—¿Qué? —pregun