DAMIÁN
—Gonzalo, sácame de aquí —le digo con las pocas fuerzas que me quedan; esta jaqueca está martillando mi cabeza al punto que no puedo ver con claridad nada.
—Claro que sí vamos. —Es ahora que no escucho bien; ya no parece Gonzalo, es como si mi mente estuviera jugando en contra de mí.
Siento que me llevan a un lugar que no puedo reconocer; solo siento el aroma a mar, el sonido de las olas, pero por aquí no queda la casa de Gonzalo, ¿o sí?
—Bebe esto, te sentirás mejor.
No sé cuánto tiempo