DAMIÁN
—Gonzalo, sácame de aquí —le digo con las pocas fuerzas que me quedan; esta jaqueca está martillando mi cabeza al punto que no puedo ver con claridad nada.
—Claro que sí vamos. —Es ahora que no escucho bien; ya no parece Gonzalo, es como si mi mente estuviera jugando en contra de mí.
Siento que me llevan a un lugar que no puedo reconocer; solo siento el aroma a mar, el sonido de las olas, pero por aquí no queda la casa de Gonzalo, ¿o sí?
—Bebe esto, te sentirás mejor.
No sé cuánto tiempo pasó desde que volví a perder la consciencia, pero ¿por qué? Siento el cuerpo pesado y alguien que murmura; por algún motivo siento que debo quedarme quieto y con los ojos cerrados.
—Eres una bruta, por tu maldita manía de abrir la boca cuando no debes, es que estoy en este lío.
—Se supone que sería su esposa a esta época, tú me prometiste; yo no tengo la culpa de que no hayas sabido hacer las cosas, Por fin salió del camino la horrible mujer esa junto con sus bastarditos y no has logrado que é