DAMIÁN
—Cánsate, tonto, ¿ya llegó? ¿No, verdad? Qué bobo yo.
—Si hablas de la hermosa dama de honor, esa que está como quiere, sí la vi por ahí.
—No sé a qué te refieres, pero compórtate, por favor, es mi boda, no la arruines con tus tonterías de siempre, tienes más de treinta años y te comportas como un chiquillo y ni se te ocurra meterte con alguna de las damas de honor, que son amigas de mi mujer, especialmente con mi cuñadita; te juro que ahí te dejo de hablar, estoy hablando en serio
—¿Por