DAMIÁN
—Lo siento mucho, mi amor, juro que hice hasta lo imposible; claro que te extraño, no tienes idea cómo esto me está destrozando, debería estar ahí contigo abrazándote como todas las noches. No llores, por favor, que no te hace bien y tampoco a nuestros hijos.
¡Maldita sea! No puedo creer cómo al final tuve que venir a este maldito país; aún recuerdo cuando González me lo dijo.
—Lo siento, Damián, tendrás que viajar; al final no se pudo evitar, mira esto.
—¿Qué estás diciendo? Se supone que buscarías la audiencia virtual; no puedo ir hasta allá.
—Pero mira esto, hice todo lo que estuvo en mis manos, pero el juez rechazó la audiencia virtual, porque dice que no se puede solicitar dos días antes, además de que los motivos no fueron suficientes.
—Te extraño; los bebés están muy inquietos si no estás aquí conmigo, no me dejan dormir, se mueven mucho, prometo tratar de no llorar y tranquilizarme, ¿escuchas? Ya no estoy llorando. Hoy voy a salir con Bri; te platiqué de ella, ¿recuerda