Cayó la noche y el sicario que me vigilaba me hizo ducharme, cuando termine lo mismo que la noche anterior, vestido corto, bien pintada, zapatos de tacón alto, marchando después del cuarto. Nada más entrar en aquella sala privada, uno de los hombres se quedo serio mirandome, mientras que los otros dos, no hacían más que reír,
—- Ponte de rodillas, con las palmas de tu mano hacia arriba y acercate a mi —- me dijo el hombre que era más serio.
Como pude, porque no era fácil andar de esa forma, me