—- Buenos días, ¿ya despertó la señora?, no paras de viajar aunque debo de admitir que me ha costado poco encontrarte —- escuche una voz de una mujer mayor, riendo después.
—- ¿Dónde estoy?¿qué quieres de mí? — pregunte.
—- ¿Acaso no me conoces? la verdad es que con unos arreglos aquí y allá, he mejorado mucho, por cierto mi nieta está preciosa, ya está bastante mayorcita —- me dijo y entonces sabía en qué manos había caído mi confianza por querer ayudar al niño del aeropuerto.
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