Como ordeno Jadem, entre dos de sus sicarios, me cogieron de los brazos, pues yo no tenía fuerza y además estaba mareada por culpa de aquella bebida, Abrieron una puerta, entramos, me encadenaron los pies a varias argollas que habian, marchandose de aquel lugar, dejandome tumbada en el suelo
Cuando desperté, el dolor de cabeza que tenía era insoportable, quise moverme para acostarme en la cama que había, pero me faltaba un metro para llegar a ella. De pronto la puerta de aquella cárcel se abri