Capítulo 31. Parte 2
Diego:
Ambra, con su eterna sensualidad, pretende arreglar lo que ya está irremediablemente roto. Se acomoda sobre mí en un intento desesperado de provocarme, y con un gesto calculado empieza a desabotonarse la blusa, dejando que sus pechos queden al descubierto como si eso fuera suficiente para devolverme al pasado.
—Sé que te gusto, mi amor... podemos volver a ser los de antes —susurra con esa voz melosa que en otros tiempos me hubiera desarmado, pero que hoy solo me causa repulsión.
La rabia