Capítulo 37 —Los conciertos
Dana:
Me dolía todo. No era un dolor localizado, no era algo puntual que pudiera señalar con el dedo. Me dolía el cuerpo entero, como si hubiera pasado la noche entera tensándome sin darme permiso para aflojar. Me dolían los ojos, hinchados, ardidos, cansados de tanto llorar en silencio. Me dolían las manos de haber tenido los puños cerrados durante horas, como si soltar implicara romperme. Me dolía la garganta, seca, irritada, obligándome a respirar por la boca porqu