Capítulo 36 —No puedes comprarme
Geon:
De verdad creí que el contrato era una buena idea.
No lo pensé como una imposición, ni como una trampa, ni mucho menos como una forma de controlarla. En mi mundo, los contratos eran algo cotidiano. Todo estaba escrito, firmado, sellado. Cada aspecto de mi vida pasaba por un papel, por una cláusula, por una firma que garantizaba orden y seguridad. Y, si era honesto conmigo mismo, había visto decenas de historias —novelas, dramas, películas— donde ese tipo de