Capítulo 30 —Asistente personal
Dana:
La verdad es que esos días estaba bastante de bajón. No era solo cansancio; era una tristeza silenciosa que se me había ido instalando en el pecho sin pedir permiso. Geon-ki ya no se acercaba a mí como antes, solo lo estrictamente necesario, lo imprescindible, lo correcto. Nada más. Lo veía pasar, lo veía detenerse a veces a pocos metros, pero no me miraba de la misma manera, o al menos eso sentía yo. Varias veces estuve tentada de detenerlo a la salida, de