—Así que eso también fue cosa tuya —murmuré.
Juana había intentado lastimarme una y otra vez, y hasta ese momento me había sentido impotente ante ella. Respiré hondo, tratando de calmar la tormenta de emociones que me invadía.
—¿Y si lo fue? ¿Qué vas a hacer al respecto? —Juana se regodeó—. Sofía, con esa poca inteligencia tuya, enfrentarte a mí es solo una receta para el desastre. No tienes ni una pizca de pelea en ti, y la verdad, ya me estoy aburriendo. Antes de declarar una tregua unilateral