—Sofía.
Era Sara.
—¿Te has acomodado bien? —pregunté, un poco confundida.
—Sigo en Ciudad de México —dijo con un tono de culpabilidad.
—El lugar más peligroso es el más seguro. Tus papás nunca sospecharían que te quedaste aquí.
Sara había estado saltando de ciudad en ciudad para evitar a sus padres, y ahora parecía que había optado por una estrategia contraria.
—Sofía, tengo algo que decirte.
Noté un tono cauteloso en su voz, lo que me hizo pensar que estaba en problemas otra vez.
—Ya te lo he d