Pero… ¿no debería estar en el hospital? ¿Cómo podía estar aquí, justo detrás de mí?
El peligro era claro. Mi cuerpo se puso tenso al instante, y mis dedos se aferraron con fuerza al bolso.
Contuve la respiración, inmóvil, observando sus movimientos a través del vidrio.
Hugo se acercó rápidamente, y justo cuando extendió la mano para cubrirme la boca, me giré de golpe. Le lancé el bolso a la cara mientras le pisaba con fuerza.
—¡Ah! —gritó Hugo de dolor, deteniéndose en seco.
Desde aquel incident