Mundo ficciónIniciar sesiónAsí comenzó la pesadilla en la víspera de mi parto, cuando la amante de mi esposo me envió un video de sus encuentros apasionados. Las imágenes de Hugo con su amante, desatando pasión en una habitación de hotel, provocaron mi parto prematuro y la trágica pérdida de mi bebé. Hugo, entre lágrimas, me rogaba perdón, sin saber que yo ya había descubierto su plan para despojarme de todo mediante una intrincada conspiración financiera y su incluso más oscuro intento de acabar con mi vida. Mientras lo abrazaba, devastada, pensaba: «Hugo García, si no quieres divorciarte, tendré que enviudar.» En esa oscuridad, surgió Sebastián Cruz, el príncipe azul de la Ciudad de México. Aunque todos me veían como una flor marchita, fue él quien, contra todo pronóstico, se enamoró de mí y, paso a paso, me sedujo hasta conquistar mi corazón.
Leer másSebastián sabría cómo manejar las cosas, no necesitaba ir a buscarlo de inmediato. Además, apenas habíamos comido algo en el restaurante peruano, así que todavía sentía hambre.Nos detuvimos en un puesto callejero y comimos algo rápido. Después, Diana me dejó en la entrada de mi edificio.Todavía con los nervios alterados, decidí sacar a pasear a Lily y a Bobo por el vecindario, aunque mis ojos no paraban de voltear hacia la entrada, esperando ver el coche de Sebastián.Pasó media hora, y nada. Lily estaba inquieta y Bobo parecía a punto de estallar, así que lo llevé de vuelta a casa, y tras otro rato con Lily, finalmente entré.Apenas había terminado de bañarme cuando sonó el teléfono. Era Sara.—Sofía, ya hablé con Cristiano, y está dispuesto a hacer algunas modificaciones al diseño original —Sara, visiblemente agobiada por la situación de Ammy y el diseño robado, trataba de encontrar una solución—. Cristiano es muy inteligente. Después de hacer esos cambios, el diseño será tan difer
Justo en ese momento, el teléfono volvió a sonar. Esta vez era Sebastián.—Jefe, IQ es Cristiano, el hermano de Ammy. Ammy le entregó su diseño al gerente de Flyon, Kevin, y él aceptó darles la exclusiva del nuevo modelo a Voces Latinas.Sabía lo importante que era el nuevo modelo para Sebastián y esperaba que reaccionara con la misma preocupación que yo. Sin embargo, se mostró mucho más calmado.—Es mejor haber descubierto esto ahora, antes de que comencemos la producción en masa —reflexionó con serenidad.—Tiene razón, jefe. Flyon acaba de recibir el diseño, les tomará tiempo lanzar su modelo. Si aceleramos el proceso, podríamos adelantarnos y ser los primeros en lanzar el nuevo modelo.—Ya contactaste a Ammy. Para evitar problemas, ella probablemente le avisará a Kevin. Flyon tiene a mucha gente talentosa; no es imposible que lancen su modelo antes que nosotros.—¿Entonces todo nuestro esfuerzo habrá sido en vano? —pregunté con frustración.—De ninguna manera —respondió con firmeza—
—Sofía.Era Sara.—¿Te has acomodado bien? —pregunté, un poco confundida.—Sigo en Ciudad de México —dijo con un tono de culpabilidad.—El lugar más peligroso es el más seguro. Tus papás nunca sospecharían que te quedaste aquí.Sara había estado saltando de ciudad en ciudad para evitar a sus padres, y ahora parecía que había optado por una estrategia contraria.—Sofía, tengo algo que decirte.Noté un tono cauteloso en su voz, lo que me hizo pensar que estaba en problemas otra vez.—Ya te lo he dicho. Si hay algo en lo que pueda ayudarte, no dudes en pedírmelo. No te preocupes.—Sofía, lo siento. Te mentí. Esas imágenes de diseño... fui yo quien te las mandó usando el nombre de IQ.—¿Ah? Repite lo que acabas de decir.¿Sara era IQ?Sabía que había estudiado periodismo, no inteligencia artificial. ¿Acaso tenía algún tipo de talento oculto o había aprendido todo por su cuenta?No podía creer lo que acababa de escuchar.—Yo no soy IQ —Sara, al notar mi shock, explicó—. IQ es Cristiano. Aun
Diana me pasó una servilleta mientras se reía.—Cariño, has trabajado con Sebastián un buen rato, ¿cómo es que sigues siendo tan asustadiza?—¿Soy yo la miedosa o es que tus ideas son demasiado descabelladas? —Agarré su brazo con seriedad—. Diana, ¡ni se te ocurra hacer tonterías!—Te estoy tomando el pelo. Tranquila, mira lo nerviosa que te has puesto.—Hay cosas que ni en broma se dicen. ¡Ni siquiera deberías pensarlas! —Mi tono fue firme.Diana me dio un suave tirón en la mejilla.—Lo sé, lo sé.Los platos que Diana había pedido empezaron a llegar, llenando el salón privado con el delicioso aroma de la comida. Yo, con el estómago vacío después de un día de trabajo intenso, ya tenía un hambre feroz.Diana me sirvió un camarón al ajillo y lo colocó en mi plato.—¿Adivina a quién me encontré cuando entraba en el salón?—¿A Ammy? —pregunté sin pensarlo mucho.—¿Tú también la viste?—Sí, nos topamos en la entrada del restaurante.—Sebastián y su eterno amor... Si hubiera sabido que ella
Último capítulo