Capítulo 11: La rendición de Mateo.
El balcón estaba cubierto por una neblina tenue, como si la propia noche se negara a mostrarle con claridad lo que venía. Las luces de la ciudad parpadeaban a lo lejos, ajenas al infierno oculto que ardía dentro de esas paredes. Mateo se apoyó en la barandilla con las manos temblorosas. El metal estaba frío, pero no más que el vacío que se expandía en su pecho desde que vio… eso.
El cuarto de tortura.
El grito apagado del actor mientras Luna le cortaba el cuello.
Las risas tenues de alg