Habían pasado varios días desde la fiesta en la mansión del rapero Axel V, pero para Luna el tiempo no se movía. Cada amanecer era una repetición torcida del anterior, como si estuviera atrapada en un ciclo de culpa y oscuridad que se rehusaba a liberarla. Dormía poco. Comía sin control. Sudaba frío por las noches y despertaba con marcas nuevas en la piel que no recordaba haberse hecho.
Dorian Black.
Ese nombre no dejaba de resonar en su cabeza. Cada vez que lo pensaba, el mundo parecía torcer