Lo miraba desde arriba, respirando con agitación, sintiendo todo mi interior contraerse y explorar. Lo miraba tendido en la cama, bajo mi cuerpo, mientras yo brincaba sobre él, moviendo las caderas contra su pelvis y con ambas manos apoyadas en su pecho.
—Me gustas, Cyra —gruñó con voz contenida, mirando mis senos saltar conmigo.
No le contesté, pero mis uñas arañaron su pecho. Él jadeo y una de sus manos me sujetó de la cintura, impulsándome sobre su cuerpo.
—He comenzado a adorarte —agregó