Recorrió mi brazo con las yemas de los dedos, electrizándome la piel, haciendome contener el aliento, amenazando con detener mi corazón.
—Quería que creyeras en la muerte del bastardo de tu novio, Cyra —suspiró contra mi cabello—. Por eso te mentí, y no me arrepiento de ello. Esperaba que vivieras toda tu vida pensando que él había muerto.
Sus dedos acariciaron mis hombros, provocándome un visible estremecimiento.
—Esa es la razón por la que callé, Cyra. Por la que lo ignoré esa noche. No q