ELENA
El humo aún no se disipaba cuando corrimos al área de entrenamiento. El olor a pólvora mezclado con concreto quemado me rasgó la garganta. La escena era un caos: parte del suelo estaba levantado, algunas máquinas volcadas, y cables eléctricos colgaban como serpientes negras. Pero lo peor fue ver a Cristofer en el suelo, sosteniéndose el costado mientras dos hombres del equipo lo ayudaban a levantarse.
—¡Cristofer! —corrí hacia él.
Tenía sangre en la camisa, no demasiada, pero suficiente p