El vaivén del catamarán es suave, pero constante, como una respiración que nunca se detiene. Bajo nosotros, el mar se abre en reflejos plateados y esmeraldas, y el sonido del agua golpeando contra los costados llega en oleadas, hipnótico y casi tranquilizador. Casi. Porque dentro de mí, la calma es un espejismo luego del beso que acabamos de darnos. La manera en que se siente ahora después de haber compartido nuestros cuerpos.
Alexander y yo tomamos asiento en la mesa central, donde los camarer