Las farolas del jardín proyectan círculos amarillentos sobre el asfalto mojado, reflejos distorsionados que bailan con la brisa nocturna. El aire huele a tierra húmeda y a jazmín, el aroma del jardín trasero que se cuela por las ventanas entreabiertas del todoterreno. Salgo primero, mis sandalias de tiras finas rozan el cemento mientras ajusto el bolso de mano. El vestido strapless, plateado, se pega a sus curvas como una segunda piel y resbala levemente sobre mis caderas al avanzar.
Alexander