Cuando finalmente Alexander aparca frente a la residencia, siento cómo el aire se vuelve más denso. El sol de la tarde baña la fachada de la casa con destellos dorados, iluminando cada ventana francesa y resaltando la elegancia sobria de la piedra clara. Georgica Pond queda a la distancia. Más que una residencia, Alexander le había dicho que es una finca. A pesar de la belleza del lugar, no puedo ignorar la tensión que irradia de Alexander. Su mandíbula se aprieta con cada segundo que pasa, y c