Mis ojos siguen fijos en la tablet nueva, ahí, sobre la mesa de noche. El brillo de su pantalla apagada me devuelve un reflejo tenue, distorsionado por la luz cálida de la lámpara. No sé cómo sentirme. Es un regalo… pero no es solo un regalo. Él lo supo. Supo que la mía ya no funcionaba bien con solo verla una vez, como si hubiera leído en sus grietas, en sus retrasos, en su pantalla cansada, una necesidad que ni siquiera yo había expresado en voz alta.
No puedo dejar de pensar en eso. La preci