Guio a Aquiles hacia la cocina, manteniendo una mano en su espalda para darle un poco de seguridad. Su cuerpo, aunque delgado, es rígido bajo la tela de su camisa, y siento la tensión de cada uno de sus pasos. Mi corazón late a un ritmo compasivo y alarmado. No solo estoy sacando a un chico hambriento de una situación incómoda, sino que estoy a punto de meter al potencial hijo ilegítimo de Alexis en el corazón del clan Black.
La cocina es un hervidero. Sartenes sisean, cubiertos metálicos chocan, y la voz de Ivy es la batuta que dirige el torbellino que es el catering. Está con el rostro enrojecido por el calor y la tensión, dando órdenes en voz baja pero firme a un ejército de camareros y cocineros. Al vernos, Ivy apenas se detiene. Su mirada profesional escanea la figura delgada y desconocida a mi lado, pero inmediatamente vuelve a sus deberes, sin darle importancia al nuevo invitado. Ella está en modo crisis funcional, y yo agradezco infinitamente su discreción.
—Ivy, por favor —di