Llegó la noche y no había salido de mi habitación. Aunque el estómago me rugía y me pedía comida, seguía allí, en el mundo de Salma Hernández, desde que empezó a escribir todo lo que le pasaba en la vida.
"De ninguna manera puedo decirle a mi mamá que el hombre que se la coge todas las noches me toca sin mi consentimiento. Y no sólo porque sé que no me creerá. Sino porque nunca está lo suficientemente sobria como para escucharme. Por eso decidí contárselo a Babi, mi mejor amiga. Y hoy, aunque