Me desperté con dolor de espalda, al darme cuenta de que había hecho de las piernas de Theo una almohada durante la noche. Lo observé dormir sentado, apoyado en la pared, ligeramente hacia la derecha. Su pelo oscuro estaba un poco revuelto y su camiseta blanca ajustada mostraba cada músculo de su cuerpo perfecto.
Habían sido muchos años de estar completamente loca por aquel hombre. Y allí estaba, a mi lado, pasando penurias y sometiéndose a dormir toda una noche sentado, sólo para estar en mi c