AMELIA estaba sentada en el cómodo sofá de su sala, con su vientre de embarazo bellamente redondeado y radiante. Hazel se sentó a su lado, con sus pequeñas manos acariciando y dando suaves toques al vientre, con los ojos muy abiertos por la curiosidad y la emoción.
—¿Hermanito o hermanita, mami? —preguntó Hazel, inclinando la cabeza mientras examinaba la curva.
Amelia rió suavemente, cubriendo la mano de Hazel con la suya.
—Te lo dije, Hazel, no lo sabremos hasta que el doctor nos lo diga. Pero