EL corazón de la Sra. Harlow casi se detuvo. Sus ojos se agrandaron mientras se giraba por completo y veía a Claire apoyada contra la pared, con los brazos cruzados y el rostro pintado de satisfacción.
—¿Has estado ahí parada, escuchando mis conversaciones a escondidas? —preguntó la Sra. Harlow, con voz aguda y acusatoria.
Claire se burló.
—Estaba escuchando, no espiando.
—¡Ja! ¡Hija malcriada! —escupió la Sra. Harlow, sacudiendo la cabeza con disgusto.
Otra burla escapó de Claire mientras se a