EL timbre sonó y el aula comenzó a vaciarse rápidamente. Vivian y Fiona se unieron al flujo de estudiantes que salían con los cuadernos apretados bajo el brazo. Afuera el sol calentaba y el aire estaba lleno de charlas, pero el rostro de Vivian estaba tenso y sus labios fruncidos por la irritación.
—Ugh, no puedo quedarme a la siguiente clase —masculló Vivian, abrazando su bolso—. Solo necesito irme a casa. No tengo ganas de estar sentada aquí otra vez.
Fiona se giró bruscamente y soltó un bufi