EL salón junto a la piscina brillaba bajo unas luces azules cálidas y centelleantes; el aire estaba saturado de risas, el tintineo de las botellas y el ritmo palpitante de la música que brotaba de los altavoces. La mesa que ocupaban Adrian, Vivian, Leonard y Jakes estaba repleta de botellas: algunas vacías, otras a medio llenar y otras apenas tocadas. Vasos desechables estaban esparcidos por doquier como bajas de una buena noche.
Adrian se recostaba perezosamente en su silla, con el brazo pasad