EN el coche, Adrian acababa de detenerse frente al apartamento de Vivian. Ambos estaban achispados, y sus risas se convertían en suaves suspiros mientras el agotamiento de la noche pesaba sobre ellos. Adrian apretó el volante con más fuerza, parpadeando con dificultad para mantenerse despierto.
Vivian apoyó la cabeza en el respaldo del asiento, exhalando profundamente.
—Dios... hace una eternidad que no bailaba tan bien. Eso fue salvaje —dijo.
Adrian se rió entre dientes, arrastrando ligerament