Recordé esa conversación.
—Patricia, perdón de verdad, voy a hacer de cuenta que esto nunca pasó, ¿vale? —tocaron a la puerta—. Mira, acaba de llegar la chica con la que salgo, tú eres preciosa, pero no eres mi tipo, demás eres la hermana de unos de mis jefes, eres prohibida y puede que tu cuerpo esté precioso, insisto no eres mi tipo.
Esa mirada… debí suponerlo. Cuando le abrí la puerta a Selena, una puertorriqueña que vive aquí, de hecho, aún salimos, solo era sexo. Patricia la reparó y con s