Capítulo 46

 —Entonces... —Leela lo miraba cruzada de brazos, moviendo un dedo sobre uno de estos al compás de su pie derecho, esperando una explicación.

 —Bien... —El chico respiró resignado—. Quédate conmigo un tiempo. Nos ayudaremos mutuamente —sonrió malicioso.

 —Me lo imaginé. Me estás usando como guardaespaldas —Leela lo miró molesta—. ¿Por qué te

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